31.5.11

ritmos de vida y fauna tropical

Mi mente sigue torbellina entre el ecuador y el trópico de cáncer. Dentro de esa vorágine, el ejercicio de hoy es identificar a qué ser salvaje nos parecemos más. Individualmente cada uno de nosotros me refiero. En mi corta estancia en las américas descubrí que no me parezco tanto a los perezosos como siempre pensé. Creo que me dejé llevar por una asociación fácil, en plan oso perezoso/perezosa/dormilona. Pero me quiero desencasillar. He conocido de cerca a los osos perezosos y tienen varias pegas más allá del encanto de un peluche de movimientos ralentizados. Para empezar algunos tienen dos dedos y otros tres, lo que me parece de lo más inconveniente. Si luego tenemos en cuenta que solo comen hojas y por eso no tienen casi energía para moverse podemos aproximarnos más a su insustancial existencia . Aunque resulta bastante conmovedor verlos en movimiento. A pesar de la presión mediática.

oso perezoso haciéndose el remolón

Sin embargo, son un poco mentirosos. Quiero decir que nos engañan. Como tienen tanto pelo no lo parece pero en realidad son insignificantemente delgatidos y sin pelo se quedan en nada (entre 4 y 8 kilitos de pura fibra). El tener tanto pelo tiene además otros inconvenientes como que en el bosque nuboso les puede crecer musgo (O_o) o que coleccionan varias decenas (o centenas) de parásitos. Para muestra un dedal:

ataque de nervios por que le pica el pellejo

Vivir como un oso perezoso tampoco está falto de incomodidades. La más reesaltable es que hacen su vida en las ramas de los árboles, para no ser comidos por los jaguares. Da que pensar que sean capaces de dormir de 15 a 18 horas diarias comiendo solo unas hojitas y colgados de un arbol. Debe ser bastante inconveniente. Y lo peor es que esta supuesta tranquilidad de dormir tanto tiempo se mantiene aún con la posibilidad de que te devore un feroz felino. Yo no podría vivir así. Para colmo y ya descartando cualquier opción de empatía, para todos aquellos pobres ilusos inocentes sabed que en realidad NO SON OSOS!

La segunda opción del día son otros empáticos animalitos voladores: los colibríes. Desafiando a la vida, los colibríes viven su existencia de manera enérgica e intensa, chupando néctar cada 10 minutos para mantener su cuerpo en el aire a razón de 70 bandazos por segundo. Es por eso que pueden pararse en el aire, e incluso volar hacia atrás, porque son rápidos y porque sus alas son giratorias, haciendo ochos hacia adelante y hacia atrás. Pero claro, tan sofisticado diseño tiene sus inconvenientes. Uno, el ya mencionado de la dependencia alimenticia. Otro que pude observar es su mala leche, son bastante engreidos y tratan mal a los colibríes de otros colores, espantándoles de su flor o bebedero. Deben de ser bastante competitivos; rápidos, sofisticados y engreídos. Al fin y al cabo su vida es corta y la viven intensamente. Pesan unos 4 o 6 gramos, que viene siendo una loncha o dos de queso de sandwhich.  No me imagino vivir tan rápido como para que el corazón me lata mil veces por minuto. Seguramente esos diez minutos entre picoteo y picoteo para ellos sea como para nosotros un plan comida, merienda , y cena. Asi como que sus dos o tres años de vida sean como para nosotros una vida entera.

colibrí alimentándose en su corta pero intensa vida

Por último, existe en la naturaleza un ser cuyos tiempos se expanden hasta límites inimaginables. Se trata de un especímen que lentamente conquista presas para, a lo largo de los años, dejar crecer ramales y bifurcaciones que mientras crecen asfixian a su soporte vital. El ser en si, lenta y sinuosamente cubre árboles enteros en una simbiosis que pasa por varios estados dramáticos. Empieza con la conquista, seguidamente se desarrolla una convivencia feliz y equilibrada que sin embargo con el paso del tiempo se vuelca abusiva y el ficus (nuestro protagonista) asfixia y consume a la víctima de la que previamente se había sustentado. Este proceso cruel que ejecutan las higueras tropicales dura unos cientos de años y tiene resultados maravillosos. Nunca se puede decir con precisión la edad porque los árboles tropicales no tienen anillos de crecimiento, no hay estaciones, como te quedas!?!

ficus por fuera


ficus por dentro (con huésped muerto)

Entonces yo pregunto: que es mejor, la vida aparentemente sosegada y tranquila a la par que engañosa del perezoso? la vida acelerada, dinámica pero momentánea de unos intensos y agresivos colibríes? O la larga pero lenta, apasionada pero cruel vida de los ficus? Al menos sé que yo no soy un perezoso, no caerá esa breva.

24.5.11

serpentinas

Las serpientes se me siguen manifestando. Hay quien dice que las atraigo y mi amiga ya no quiere entrar a solas conmigo en el bosque. Yo empiezo a sentir empatía por ellas y les pongo cara de la boa del libro de la selva, así resulta mucho más llevadero además de gracioso (a mí me funciona). He conocido a gente que asegura haber visto dos o tres serpientes en toda su estancia en Costa Rica, y es gente que ha vivido aquí unos cuantos años, desde cuatro a toda la vida. Yo les adelanto por la derecha toda emocionada habiendo visto tres serpientes en tres semanas, dos de ellas venenosas. Dicen los guías locales (especie autóctona con humor forzado, conocimientos repetitivos y entusiasmo innato) que existen 136 especies de serpientes en Costa Rica (hay solo 13 en la peninsula, para situarnos). Si de estas 136 te encuentras que te muerde justo una de las 15 especies venenosas mortales, tienes solamente unas horas para llegar al hospital más cercano. Un cálculo rápido y sucio me da que extrapolando mi suerte solo tendría que estar viviendo en Costa Rica 2 años, 7 meses y 12 días para llegar a verlas todas. Podría conventirse en un plan de vida, por qué no.

guía local buscando un tucán

La suerte buena o mala de toparme con estas escalofriantes criaturas no me parece casualidad. Ya os he contado el primer episodio, en el que se fueron desencadenando señales inequívocas que finalmente llevaron al encuentro con la primera serpiente. El segundo caso se dió solo unos dias después. En una nubosa mañana en la que la luz blanca confundía el humo del volcan Turrialba con la meteorologia que nos es más familiar, las nubes, salí de la casa de huéspedes en la que compartía alojamiento con mis compañeras con un paso sosegado y una charla agradable. Mientras dejaba de atender a mi amiga parcialmente, la otra mitad de mi concentración respondía a la curiosidad de haber escuchado un ruido seco y fuerte muy cerca de nosotras. Paseabamos por debajo de un arbusto de bambú gigante. Mientras mi amiga seguía hablando deduje que una especie de aro de plástico verde brillante estaba en el medio de la carretera en la que íbamos avanzando y que probablemente fuera un juguete de algún niño al que no llegué a imaginar. Aun así algo fallaba, un ruido seco y un juguete que aparece de repente a la vista a pocos metros de nosotras.

 humo del volcán por la mañana

Evidentemente el todo formaba parte de un solo y en cuanto el verde brillante se desenroscó y empezó a reptar interrumpí por fin la conversación para alertar sobre lo que se nos ponía delante. La serpiente se movía lentamente en ondas largas dejando ver el verde mas brillante que ví nunca en algo vivo. Su cuerpo era fino pero podría medir entre metro y medio y dos metros (con un intervalo de 80% de error). Cayó adormilada a los pies del bambú y posó para nosotras. Le hice esta foto y asumimos que nos estaba dejando pasar. Tengo que decir que el ir acompañada hizo que el miedo fuera mucho más pequeño que en el episodio anterior.
¿la veis?

Luego supimos que se trataba de un bejuquillo, que es otra manera de decir liana justamente porque es fácil confundirse ente ramas y reptiles. Viven en las copas de los árboles y no son venenosas, se conoce también como falsa lora (recuerden este nombre). Al parecer, durante el día se hacen una rosca para apoyarse en las ramas y dormir, y acontece que la suerte hizo que dormida se callera al suelo, varios metros más abajo de su lecho, y sólo a unos segundos de haberse enredado en nuestras cabezas. El susto y el riesgo potencial nos provocó que nuestros temores pasaran del nivel suelo al nivel superior copa arbórea, y que durante varios días no dejáramos de examinar cada arbol que atravesábamos. Llegamos incluso a cubrir nuestras cabezas con chubasqueros, con los consecuentes ataques de risa que no hacían ni que nos tranquilizáramos ni que nos dejara de parecer ridículo. ¿Qué puede haber peor que el miedo a la posibilidad real de que te caiga una serpiente en la cabeza?

Pasaron exactamente 7 días hasta el siguiente encuentro. Tras unos días de playa sentimos ganas de bosque y nos fuimos a monteverde. Nos apuntamos a los famosos night tours en los que un grupo heterogéneo de turistas dan vueltas a la luz de sus linternas haciendo dibujos en la oscuridad. En una de esas vueltas, justo encima de mi, se iluminó una serpiente que apoyaba fuerte su vientre en ramas minúsculas y avanzaba hacia delante a la vez que las hojas y ramas la balanceaban. En seguida se centró en ella toda la atención del grupo y nuestra guía avisó con silbidos a las demás excursiones del tremendo hallazgo. Esta sí era una lora, serpiente verde y muy venenosa a la que la anterior avistada quería imitar. Mucho más pequeña pero más mala. De noche, en el medio del bosque, la serpiente avanzaba por encima de nuestras cabezas mientras la guía nos contaba con detalle como de mortal podía ser su veneno, paralizante, como reaccionaría nuestro cuerpo y como acabaría con nosotros. Las explicaciones no nos hacían estar más tranquilos.

una lora venenosa en la noche

Decir que el miedo e impresión a las serpientes es inversamente proporcional al número de personas con las que te encuentres en el momento es un poco resumir con qué me quedo. Ahora impaciente por saber cuándo será la próxima vez. Porque las serpientes son repentinas. Son serpentinas.

21.5.11

del tiempo y y las horas en viajes

Creo que hasta ahora lo mejor de este viaje a Costa Rica está siendo como cada pequeño momento se dilata en el tiempo, de como una hora puede parecer una mañana o una tarde entera, y con un solo día puedes tener la sensación de haber vivido una semana. A veces también parece que el tiempo se para. Creo que es por varias razones que intentaré explicar aquí. La primera se basa en que aquí el día es diferente; el sol aparece a las 5 de la mañana y desaparece a las 6 de la tarde. Eso hace que, según mis cálculos después de una semana de análisis comparativo, la actividad se haga más o menos tres horas antes de lo que sería el horario español. Me explico, aquí te levantas a las 5 o 6 en vez de a las 8 o 9, comes a las 12 en vez de a las 3 y te vas a la cama a las 9 en vez de a las 12. Lo bueno es que en seguida te acomodas a estas horas y descubres, como yo hoy por ejemplo, que a las 11 de la mañana ya has hecho una excursión de 5 horas donde pudiste ver tucanes, tucancitos, monos aulladores, pisotes, y decenas de colibríes. Y todavía te queda todo el día. Conclusión: no se si volveré a despertarme a las 11 alguna vez.


tucan, pájaro bobo, tucancito y mono aullador

La segunda razón es parecida pero no. También depende del sol pero en este caso la pérdida temporal de sentido horario esta provocada por el hecho de que el sol está siempre muy arriba en el cielo. Eso hace que por la mañana, digamos a las 7 de la mañana, la luz parezca de mediodía, y por la tarde, aunque esté anocheciendo efectivamente no sería predecible para nosotros a juzgar por el color del cielo. Implicaciones: la noche te pilla en cualquier situación inesperada. Estoy pensando ahora que toda mi argumentación se sustenta en que haga buen tiempo pero como esa es la suerte que he tenido pues así os lo cuento. Una semana de vacaciones sin llover, en pleno principio de la temporada húmeda. Ver el bosque nuboso con sol es complicado, porque llueve 15 meses al año. Es como venir en el mes 16. Claro, Costa Rica tiene tantos meses que es normal que el tiempo parezca más largo. Esta es la razón tres. Consecuencia: no hacía falta cargar con el chubasquero.

 bosque nuboso soleado

Para terminar os pongo un ejemplo de congelación del tiempo, donde se produce una situación tal que puedes llegar a perder la noción de existencia, puede ser peligroso y mucha gente queda atrapada para siempre y decide no volver a salir de Costa Rica. Se han visto varios casos.


momento de parálisis inspontánea

Otro día hablaré de la relación espacio-temporal en Costa Rica, que también da para (pseudo)reflexionar.

9.5.11

sushi tico, cosa rica

Estar de viaje te pone en situaciones surrealistas que no te imaginas ni aunque estés leyendo a Boris Vian. A veces los hechos que te suceden tienen conexiones con tu mundo y te sientes en un universo tranquilo y reconfortante, donde sientes rutinario algo que raramente habías hecho, pero que por ser conocido y extrapolado a otro continente, te resulta familiar. Para ilustrar esta sensación, os pongo una diapositiva de un día tranquilo en la piscina. La piscina, conocido elemento que me transporta a recuerdos medierráneos esporádicos de mi niñez, mezclados con fotogramas de cine de barrio. Por muy tropical que sea una piscina, la sensación es de familiaridad. Por contadas veces que en tu vida te hayas bañado en una piscina, la sensación es rutinaria.
el placer de una piscina es independiente de su localización

Otras veces, estando en un lugar extraño descubres coincidencias que te marcan un poco el sentido de tu tiempo. Por ejemplo, y hablando de Boris Vian, he tenido en mis manos la última semana la espuma de los días, y tras traspasar el obstáculo de lo absurdo, descubro muchas coincidencias. Yo también estoy en un lugar caluroso y húmedo, aquí también podrían salir anguilas de los grifos, y además hay nenúfares.


coincidencia.. no lo creo


Y ya para colmar la gota, aleatoriamente decido escuchar el último disco de fleet foxes ya que pronto los veré, y veo que su primera canción practicamente coincide con uno de las opciones más pujantes para mi próxima semana de vacaciones: moctezuma. Para más inri, la letra es bastante existencialista y trata de tener hijos.

Así, enlazando, llego a las situaciones ya del todo surrealistas que te suceden en los viajes. Como cuando sin quererlo quedas atrapado para siempre en la fotografía de algún turista extraño, yo estaba presente hace dos días cuando Maria y Fabien les anunciaban a sus amigos en una cena casera que iban a ser padres. Creo que me emocioné tanto como ellos. Por si eso fuera poco, en esa misma cena, por primera vez en mi vida después de llevar unos años resistiéndome debido a una serie de catas fallidas, pero tras una par de pruebas finales satisfactorias, aprendí a hacer sushi. En Costa Rica!

El aprendizaje llega en el momento perfecto, cuando ya me empieza a gustar el sushi gracias al ultramarinos japonés de bilbao, me encuentro con las algas nori, el arroz y el vinagre de sushi cara a cara, frente a frente. Entonces los pasos son:

1. Aprietas el arroz mojadito en vinagre de suchi contra el alga haciendo una argamasa blanca de no mucho espesor. Colocas de manera longitudinal los ingredientes también cortados en tiras. Para empezar a enrollarlo hay que poner las manos así, como en la foto.

2. Cierras el rollo dejando un poco de alga sin arroz para que pegue y aprietas bien el rollo.


3. Cortas el rollo en rodajas et voilá!

Sushi tropical!

8.5.11

el peligro acecha

Mi viaje de aventuras aun no ha empezado pero parece que el mundo me pone a prueba para que, por fin, me de cuenta de que en realidad soy un poco cagada. Primero, en mis horas nocturnas de pensar, cuando el miedo se estaba solo gestando, empiezo a pensar en que quizás dar un paseo por un bosque lluvioso no es como ir al amboto, y que la preciosa casa en la que iba a estar podía colar serpientes por las tuberías. Esto último no salio de mi imaginación, que es bastante inocente, sino de una amiga bautizada en esto de las alimañas tropicales. Fue entonces cuando empecé a sospechar que ir al país con la mayor biodiversidad del mundo podía estar directamente relacionado con la probabilidad de avistar y de tropezarse con criaturas extrañas, a las que (creo) no sabría como presentarme.

casa adónde podría entrar una culebra

La primera señal fue la primera noche en costa rica. Acogida hospitalariamente por los locales, me descalzo para entrar en una casa de los otros, y me dejo enseñar las preciosas ilustraciones de una artista de la localidad. Todo iba muy bien, unos collages preciosos, acuarelas, dibujos con tinta, un estudio desordenado y una técnica minuciosamente sencilla esparcida por la mesa del salón. Hasta un bebé jugando en el suelo. Todo muy bien, hasta que llegamos a una carpeta de la que la mujer extrae unas láminas diferentes a las demás. De vivos colores y en primerísimo plano, eran serpientes lo que se me ponía delante. - Son serpientes de aquí, de costa rica. Esta es la terciopelo, que es muy venenosa. - Ah si? y las habeis visto alguna vez por aquí? - Si, claro, alguna vez en el jardín.

La segunda señal llegó también el segundo día. En mis intentos por empaparme de conocimientos, pregunto como se puede bajar al río (y sortear un desnivel de 100m), y para enseñarme dónde es empezamos a caminar. Yo miro hacia el suelo para disfrutar de mis sandalias nuevas y de paso no caerme en suelos desconocidos y mi mente es ajena a cualquier preocupación. Hasta que mi acompañante comenta, - este lugar es perfecto para que nos salga una sepiente a los pies. En cinco minutos estábamos de vuelta a salvo en la oficina.

lugar de la expedición

La tercera señal llegó el tercer día, cuando me disponía como buena científica a contrastar la información. Le pregunto a una chica que lleva muchos años trabajando por aquí que como está lo de bajar al río, sin mencionar nada sobre ofidios. Ella me contesta que sin problema, solo hay que tener cuidado con las terciopelo e ir preparada. Yo le pregunto si ir preparada es llevar botas y me dice que si.

Pasados cinco días de averiguaciones mi posición se decantaba mayoritariamente por la experiencia de conquistar nuevos territorios y dar de una vez un paseo por la naturaleza. La lluvia me dio una tregua. Preparé una mochila con camara de fotos, toalla y bañador (por que luego quería ir a la piscina), sandwich y kitkat y me decidí a aventurarme por la selvática bajada al río. Dude si ponerme las gafas y ver todo, o seguir sin gafas e ignorar a la mitad de la flora y fauna. Al final me puse las gafas y empece a bajar decididamente. De vez en cuando miraba para atrás para memorizar el camino de vuelta. Cada paso que daba me iba convenciendo más de la bonita excursión que estaba haciendo, y hasta fotografié mariposas de alas con transparencias.
can you believe it? (foto de interné)

Ramas, hojas, mariposas, lianas, árboles, botas, gafas, cámara, helechos, troncos, todo iba como esperado. Hasta que de pronto, se tropieza en el camino un tronco gigante atravesado. Creo que esta fue la cuarta y última señal. Antes de un gran peligro siempre hay un pequeño obstáculo para despistar. Estiro las piernas lo máximo para pasar en posición flexión lateral por encima del tronco y cuando mis labios empezaban a estirarse en una sonrisa de satisfacción mis ojos enfocan una preciosa serpiente, si serpiente, también (ironicamente) atravesada en el sendero. Pasaron segundos pero diseccionando el tiempo puedo asegurar que pensé: -ostras una serpiente, que hago (y escalofrío atravesando mi cuerpo) vista al tronco de detrás. -Era una serpiente? mirada de nuevo hacia alante, - si es verde y no se mueve, las terciopelo eran negras con puntitos, no? tendría que pasar por encima (y me empieza a dar un tembleque corporal). Así fueron como 2 segundos, ya sabeis que se piensa más rápido de lo que se habla, escribe o lee. Entonces ya no me acuerdo como pero atravesé el tronco y desandé el camino sin que cundiera el pánico porque una tiene su orgullo de exploradora, aunque este se frustre a la primera sorpresa. Llegar al cesped civilizado me alivió.

Ya más tarde, completando las andanzas y aprendizajes del día con internet, como de costumbre, descubro que igual hasta no hice mal. Google me explica que mi serpiente tiene un parecido razonable con algunas serpientes venenosas de costa rica, y descubro atónita que la terciopelo no es negra sino verde-marrón. Como os quedais? POdía haber sido una terciopelo!
Mi moraleja es que no tenía que haberme pasado los últimos 50 minutos buscando serpientes en el ordenador, porque esta noche voy a tener seguro pesadillas.