30.6.11

recortando recuerdos

Recordamos facilmente un viaje que hemos hecho, nos acordamos de algunos lugares, paisajes, museos, comidas, personas. Conocer de antemano al lugar al que vas, como se conoce París, Berlín o Amsterdam incluso sin nunca haber estado, o dedicarse durante semanas a los preparativos de un viaje anticipan un acontecimiento que debería ser recordado casi perfectamente y para siempre. 

Amsterdam, no?

En el momento de ir a visitar un lugar, se reconducen muchos datos que ya estaban en nuestra cabeza desordenados, se actualiza lo que hemos aprendido durante toda nuestra vida y que pueda tener que ver, y se combina con los últimos conocimientos adquiridos. Una vez en el lugar, cambiamos a veces drasticamente las ideas preconcevidas gracias a las nuevas impresiones. La experiencia del viaje es rica e inspiradora; gente, objetos, historias, olores, y otros muchos momentos que recorremos intensamente desvirgando nuestra experiencia. 

Sin embargo, una vez en de vuelta, a mí me pasa que todo lo que habia ebullido se descomprime de repente  y se diluye en unos pocos días.  Es entonces cuando siento la necesidad de volver a todo lo vivido y es ahí cuando busco los recuerdos olvidados en las fotografías. ¿Pero qué son las fotos de un viaje sino un sucedáneo de memoria?  El ejercicio de revisar una y otra vez las imágenes de un viaje sólo hace que recorramos un recuerdo artificial y esquemático, perdiendo el hilo dramático de lo que ha sido una vivencia especial y real.

 la bestia negra o culpable de todo

En este punto me pregunto: ¿son las fotografias las que borran los recuerdos o los recuerdos los que se mantienen gracias a las fotografías? ¿estamos sustituyendo neuronas con pixeles o esos archivos nos reactivan los recuerdos? Os pongo otro ejemplo: ¿alguien tiene una sola anécdota de su propia infancia que no vaya totalmente ligada a una fotografía?
                                                                        
Estos días estuve de viaje. Un viaje corto pero un viaje al fin y al cabo. Y ahora que he visto las fotos tengo miedo de que me recorten demasiado todo lo que no sale en ellas.

21.6.11

recuerdos de berlín

Han pasado ya unos cuantos días esparcidos en varias semanas pero el viaje a berlín ha sido de digestión lenta. Tanta información, tanta historia, tantos nombres imposibles y tantas impresiones necesitan ser rumiadas en cuatro estómagos. No sé si estoy ya lista para escupir algo de vuelta pero aquí van algunas ideas que se han quedado formando posos.

museo de pérgamo

Lo que más me ha llamado la atención, como a todos los mortales, es la concentración de episodios históricos que se pueden rememorar en la ciudad. Visitar Berlín viene siendo como hacer unas prácticas de historia. Desde el expolio de exploradores alemanes en mesopotramia en el museo de pérgamo, pasando por el imperio alemán, el nazismo, y la RDA hasta la caída del muro. Se puede respirar un poquito de cada episodio, y así de paso recolocas tus conocimientos básicos en la línea causo-temporal que les corresponde.
De todo esto, lo que más me impresionó fue el museo de pérgamo, pero sobre todo, lo importante que era la cerámica en esos miles de años a.c. Mirad que craquelado en la puerta de Ishtar:

azul cobalto

Después un poco sobre la habitabilidad. Berlín me ha parecido una ciudad muy activa pero bastante tranquila a la vez. No se percibe demasiado estrés. Es inabarcable, se habla alemán, y estas dos cosas combinadas hacen que no me haya quedado absolutamente con ningún nombre completo de calle en los cuatro días de viaje. Aún sabiendo que siempre terminan en strabe y que, en realidad, no hay que memorizar tanto. Creo que soy de mente rápida pero vaga.

cartel que no se me queda ni al leerlo tres veces  (morkerburke?)

Los aeropuertos merecen una mención especial. Primero Tegel, una construcción de ambiente setentero, edificado a base de acolchado sky y aluminio. Tiene una forma hexagonal, fruto de otra época de arquitectura excétrica. De esta manera, cada puerta de embarque es estanca y tiene su propio control de seguridad. Su diseño hace que te camines todo el perímetro pasándote varias vueltas de largo, mientras sigues pensando que sólo llevas tres caras de su geometría. Después Tempelhof, aeropuerto descomunal donde todavía se respiran humos de guerra. Las pistas se han convertido en un parque-páramo y el interior está colonizado por empresas multinacionales que comparten oficinas. Un presente tan desamparado como tenebroso su pasado. Como a propósito, querer indagar en la historia del lugar se hace complicado, teniendo que superar una única visita guiada al día con duración de dos horas y media y en alemán.


momento 70's

La noche de primavera deja ver que los jóvenes berlineses son románticos, y que celebran cenas de cumpleaños en la hierba ribereña, sujetando bengalas, riendo a la luz de las velas y bebiendo vino embotellado. Y todo esto con menos de 23 años. Algo así como la equivalencia refinada del botellón de playa con vino de cartón. Conciertos en bares superpoblados de modernos y locales aterciopelados de putas y yonquis completan el abanico nocturno. Momentos absurdos, como escenas alemanas en las que te preguntan en castellano si estás esperando al baño. Si, estoy yo. Divertido, pero lo más bonito de berlín, sin duda alguna, son los números iluminados de las casas.

ya casi estamos

Gracias a las recomendaciones tuve deberes en Berlín. Lugares especiales y feliz compañía. Ahora dejaré reposar un poco más estos recuerdos. Y después a repostar.

6.6.11

lo inconsciente

Me gusta fijarme en detalles. Me encanta encontrar cosas que creo que nadie ha visto. Cuando camino por cualquier lugar, miro mucho hacia arriba. Gano cuando descubro que hay alguien arriba que esta mirando hacia abajo, y doble de puntos si me está mirando a mí. No me gusta que las personas se observen fijamente unas a otras, juzgando sus acciones con miradas desaprobantes. Sin embargo, siento placer cuando yo puedo fijar mi mirada con fuerza en esas personas que a la vez están observando a otras. Es una manera de venganza, es como jugar a ser el justiciero de las miradas desagradables. Una forma de compensar a las víctimas y reducir el poder de los que atraviesan personas con sus ojos. Hay muchos ejemplos, pasa a cada instante.

yo mirando a paula que mira al (periódico) señor

Aprendí a ver hacia arriba en los viajes. Cuando vas a otro escenario que no conoces y además con el propósito de observar (lo que viene siendo el turismo, vaya), te esfuerzas en percibir el mayor número de detalles. Recorriendo calles de ciudades como París o Nueva York aprendes a mirar mucho hacia las alturas. Pasa de forma inconsciente, pero sucede. Después, vuelves al mismo lugar donde siempre has vivido y te das cuenta de tantas cosas que no habías visto antes. Por ejemplo, aplicando el mismo ángulo de mirada vertical, descubres como los edificios por los que siempre habías pasado y cuyos portales conoces tan bien, tienen unas terrazas en el tejado impresionantes. Hasta puedes llegar a ver árboles en lo más alto de las casas. Entonces te imaginas una nueva forma de vida, la de aquellos que tienen las terrazas más altas de las ciudades, habitando pequeños oasis urbanos. En Vigo hasta encontré una casa, como si fuera un chalet, con su jarcincito y todo, encima de un edificio en Gran Vía.

mirando hacia arriba

También me gusta descubrir cosas que hace mucha gente sin darse cuenta. Las personas se vuelven más interesantes cuando actúan inconscientemente. Caminando por un camino entre gramíneas, sorteando las alergias y el sol, veo que la mayoría de los tallos que distan un palmo del camino están sin espigas. ¿Por qué nos gusta arrancar las espigas de las plantas al pasar? ¿por qué nos da placer arrancarlas, y por qué nos gusta quedarnos unos segundos con las espigas en la mano? Viendo la cantidad de tallos peinados es fácil imaginar la cantidad de gente que ha pasado antes por el mismo camino. Puede que haya dos tipos de personas, las que arrancan espigas y las que no. O puede hasta que se trate de una función natural, que estemos diseñados para hacerlo, que seamos nosotros los que tengamos que dispersar las semillas, y que esté en nuestro instinto.

 
espigas listas para ser arrancadas

Sí que creo que se podrían definir dos tipos de personas con este otro ejemplo. Casi todo el mundo pasea por la playa alguna vez. Alguna gente mira hacia el suelo con los brazos en la espalda y otra mueve sus manos con energía mientras le explica a su pareja lo último que le ha pasado. Pero llega un momento en el que cada persona queda en evidencia.

playa donde la gente pasea

Hace ya tiempo, descansaba con un amigo en el final de una playa, sentados sobre un muro de piedra que marcaba el final. Descubrimos como, efectivamente, hay dos tipos de personas. Estas son: las que llegan hasta el muro y lo tocan para después dar la vuelta; y los que dan la vuelta antes de llegar al muro. Podría ponerme a divagar sobre el porqué de tocar el muro o no, como si se tratase de una meta. Que sean personas más resueltas, más seguras o más competitivas las que lo hacen. Que sean personas más tranquilas, más cobardes o más sociables las que no. Lo interesante es que todos lo hacen inconscientemente, y que nadie se para a pensar en lo que hacen los demás. Entonces tú, ¿tu eres de los que tocan el muro o de los que no?