A veces lo único que permanece de una racha de viajes encadenados son pequeñas anécdotas que se repiten matemáticamente. Puede que una vaya de aquí para allá por trabajo, por visitas, por amigos, pero al final a todos nos pasan las cosas a nosotros mismos y es inevitable visualizar el hilo transparente que une las anécdotas varias. Mi hilo conductor en la última racha de frenesí ha sido básicamente el de las malas decisiones.
Malas elecciones que no trascienden más que en el ridículo momentáneo, o la rabia contrastada, o la pérdida de pequeños fragmentos de tiempo. En Vitoria los chicos y chicas van al instituto en bicicleta, y las aparcan en la entrada en varias filas que acumulan brillos, como en cualquier parking holandés. Pero el keepcup no es hermético y aunque desayunando en el coche se gana tiempo fue mala idea haberlo metido en la mochila después de llenarlo con zumo de manzana. El líquido en seguida traspasó del vaso a la mochila y de la mochila al asiento filtrandose a través del ordenador. Y el zumo evaporado es un genial pegamento para manos y botones de encendido y apagado. Aún así los chicos y chicas de Vitoria no se dieron cuenta y aún tengo fuerza en el dedo gordo para encender el portátil.
no flipas?
En mi casa el baño tiene suelo de baldosas. Cuando un móvil te avisa sobresaliendo del bolsillo que se te va a caer no basta con hundirlo de nuevo en el bolsillo, normalmente se acaba cayendo. Es la pereza o la prisa la que decide mal. Entonces hacer añicos un teléfono, salir de la autopista por una nueva circunvalación con peaje, aparcar a la quinta, no poder salir del coche por no encontrar las llaves que acabas de sacar del contacto, o escoger el autobús a Roma que tarda una hora en salir por ahorrarte dos euros, son simples selecciones equivocadas que burbujean en el azar revelando síntomas de sobrecarga. Atascar la persiana, aceptar agua con gas, dejar cebolla en el kebab, facturar una maleta pequeña, subir al metro en hora punta. Todos son pequeños importunios que no nos llegarían a dominar en nuestra rutina estándard, pero que, fuera de ésta, florecen y se multiplican exponencialmente.
diana de pequeños aciertos
Aún así, se forma entre los árboles un círculo blanco de pequeños aciertos. Comprar tulipanes, vestir canastas con camiseta de los celtics, cenar carpaccio, aprender de rugby, sumar canciones a la guitarra, pasear por tiburtina. Puede que, una vez más, se compense la mala suerte con la buena, y al revés. Porque cuando te mueves pasan cosas, y Roma mola.