Ruth Matilda Anderson desembarcó en Vigo en 1924 para hacer un viaje fotográfico por la
costa gallega en el que dejó constancia de las impresiones de una americana,
por escrito pero también en imágenes. Cayó en mis manos hace poco la joya de
libro titulado: Gallegan Provinces of
Spain: Pontevedra and La Coruña., publicado por la Hispanic American Society en 1939. Durante el tiempo que lo pude devorar, me
conmovió una foto y una historia que creo que conecta bien el aquí con el ahora.
En la foto aparece un joven
apoyado en una pared de piedra, hablando con una chica que se asoma desde la
ventana.
foto de Ruth Matilda Anderson, 1924-1925
Aquí va una
transcripción a mi manera de lo que cuenta Ruth que vivió este día en Santiago,
hace ya algún tiempo. Podéis leer el texto original en la galería que colgué en
flickr,
y ver algunas fotos más del viaje.
Y dice así:
Girando hacia otra
calle, nos encontramos a un joven con un abrigo negro apoyado en la pared de
una vieja casa, estirando su cuello para mirar la dulce cara de la chica que se
inclinaba hacia él desde una ventana. Lo más apresurada y silenciosamente que
pude, le di un tiempo de exposición a esta escena, donde los amantes
permanecían perfectamente callados, perfectamente abstraídos en todo el segundo
que duró. Cuando ya estuvimos a salvo tras la esquina, Don Fulano rompió
nuestro silencio. “Eso es algo que un hombre no puede hacer en Nueva York, dirigirse
a su amada desde la calle. Imagina como debería gritar para llegar a una mujer que
viva en un 50!”
Yo le expliqué
que en América las conversaciones tienen lugar por teléfono y que los
ascensores pueden llevar a las visitas rápidamente y sin esfuerzo a las casas
de sus amigos. Los teléfonos y ascensores pueden ayudar, reconoció él, pero aún
así prefería el sistema local, en el que un hombre puede hablar cara a cara con
su enamorada y no quedarse enjaulado antes de tiempo. “Aquí, cuando un hombre
entra en la casa de una mujer se compromete, y el pretendiente es iniciado en
un ritual irrompible de visitas regulares y apariciones en público”.
Ahora era mi
turno para preguntar: “y tienen todos los estudiantes una querida en Santiago?”.
“Muchos de nosotros tenemos”, fue la respuesta. “Fulano tiene a la misma que el
año pasado; Yo todavía no tengo a ninguna pero todavía es pronto”.
Según La casa de la troya, las madres de Santiago
advierten a sus hijas de no mezclarse con estudiantes, pero los padres sin
embargo piensan que es poco político objetar (…). Las madres llaman a los
estudiantes “pájaros de paso”, y “malas perspectivas de matrimonio”, y se
quejan amargamente en Junio, cuando las chicas pasan todo su tiempo en las
oraciones y se preocupan demasiado por los exámenes de los estudiantes. La
conclusión de Don Fulano era que, aunque la policía no les dejaba dar serenatas
a sus amadas, no les iba tan mal. “Podemos verlas en el paseo y también cuando
salimos de misa. Las chicas de Santiago son muy atractivas, tienen una música
en la voz que conmueve el corazón, y si un hombre se tiene que casar, haría
peor en no hacerlo con una de ellas”.
Ruth Matilda Anderson, Gallegan Provinces of
Spain: Pontevedra and La Coruña.
Hispanic American Society,1939
Hispanic American Society,1939
Cuando llegué a Santiago hace unas semanas, todavía tenía grabada la foto y el relato así que lo primero que hice en cuanto tuve ocasión fue ir a buscar el lugar de la historia. Y efectivamente, es tras Salomé. Y efectivamente, ahora está A Reixa. Le pedí a mi amigo Andrés que posara para repetir una imagen en el tiempo, ya que el lugar apenas había cambiado.
foto de Lucía Neira, 2012
