La UNAM se atraviesa desde el sur
puestos callejeros en xochimilco
El sitio de taxis está a la salida de un gran centro comercial al sur de la ciudad, y la gente ya no compra, se gasta todo el dinero la primera semana, y luego se queda todo tranquilo, ayer ni me moví. Aun así, cada vez mas gente llega a trabajar al DF, multitud de españoles. Pues no sé en que se ocupan porque no hay empleo. El tráfico se espesa pero no hay señales de perder la paciencia. Siempre hay algo que solucionar mientras no se avanza, se puede hacer la contabilidad, sintonizar emisoras o llamar a la señora. Ay, ya me quedo mas tranquilo, dice cuando cuelga el teléfono. Un autobús insiste en ocupar el mismo carril, y empuja sin margen y a trompicones, cada aceleración fallida sirve para apretarse más. Poco a poco consigue invadir la mitad del carril y el conductor del taxi cede. Pero si somos hermanos, tenemos el mismo patrón, yo no me puedo pegar. El dueño de los taxis de sitio tiene también la concesión de una línea de autobuses, que están muy nuevos.
edificios de cristal
La policía, presente en cada esquina, está atareada en el lugar en el que por fin se deshace la maraña. Todo porque iban a hacer un control, yo que sé de que. El cielo chorrea luz blanquecina desde lo alto, y difumina los colores de la ciudad. Hace calor pero el viento entra como un bloque de hielo por la ventana, desde que hay horizonte para acelerar. La carretera atraviesa parques de setos y columpios de hierro, las viviendas acumulan añadidos, las pintadas se extienden por superficies pintadas y los cables entrecruzan las calles. El taxi vuela, y comienza a haber edificios de cristal a ambos lados de la carretera. Este es el hotel de Hugo Sánchez, sabes quien es Hugo Sánchez, no? Tras las señales de aeropuerto la carretera se oscurece en túnel y desemboca en la terminal. El conductor baja de su asiento para agarrar la maleta desde la otra puerta delantera. Mira por primera vez en dirección contraria y se ve brillar la cadena plateada de su cuello tanto como el pelo corto y puntiagudo. Sonríe y entrega su tarjeta, pero cambia de expresión nada más desearle suerte. No podemos perder.

